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¿Para quién estamos educando?

En este artículo publicado en Revista Aire analizamos nuestro sistema académico con el objetivo de contestar la siguiente pregunta: ¿Para quién estamos educando?

Vamos a comenzar el análisis actual basados en una postura crítica hacia el sistema educativo moderno, fundamentados, principalmente, en los trabajos realizados por Sir Ken Robinson y Paulo Freire.

Soberando al educando

Nuestro sistema educativo se basa en la idea de habilidad académica, originada por las necesidades de la industria naciente del siglo XIX. Este contexto impactó de forma directa en la jerarquía de las materias y su peso relativo que, según Sir Ken Robinson, tienen sus cimientos en su utilidad para el trabajo (cuanto más útiles son más importantes), alejando las cosas que nos atraían de niños con el argumento de que no se encuentra un trabajo, un sustento, haciendo eso. Siguiendo con esta línea de pensamiento, Paulo Freire comenta que esta educación, la que él denomina “educación bancaria”, “deforma la creatividad necesaria del educando y del educador”( 2012), haciendo referencia de forma puntal a que “(…) formar es mucho más que simplemente adiestrar al educando en el desempeño de destrezas.” Bajo este marco socio-histórico nos encontramos con frases que marcan nuestra forma de pensar y nos restringen: “No mezclar peras con manzanas”, “Solo hay un respuesta indicada”, “Ésta es la única forma de resolverlo”, “No me contradigas, ¿quién es el profesor, vos o yo?”, “No arriesguen si no lo saben”, “Esto está bien, esto está mal”. Nos enseñan a definir, segregar y etiquetar en categorías separadas.

“Nos enseñan a no pensar. Cuando pensamos que conocemos las respuestas, basados en nuestra educación, en ese momento nuestros pensamientos mueren. Y este es el motivo por el cual a muchos de nosotros nos cuesta tanto usar nuestra imaginación y creatividad para desarrollar ideas nuevas. Nuestras ideas están estructuradas de manera tan fuerte y predecible en propiedades muy particulares, categorías o conceptos determinados”(Bachrach, 2012).

El alumno entra en un aula y no entiende por qué debe estudiar algo prehistórico desde su concepción actual. Solamente los asimiladores de co-nocimiento, como David Kolb afirmaría en 1984, soportarán las tediosas clases y serán los destacados del juego universitario. Mientras los futuros líderes de las organizaciones pasan entre 4 a 6 años en un proceso de somnolencia mezclado con profesores que tienen modelos del pasado, que solo funcionaron en el pasado y día a día van quedando más obsoletos.

En Out of Our Minds – Learning to be Creative, Ken Robinson critica duramente el sistema académico actual: “los programas académicos convencionales no están diseñados para desarrollar las competencias creativas -comunicación, liderazgo, etc.- y muchas veces valoran todo lo contrario: fomentan la investigación personal en lugar de la colaboración, prefieren que los datos se expongan en un formato aceptado y miden el éxito según el mérito académico.”

Howard Gardner sostiene que contamos con 5 mentes para triunfar en el futuro. Gardner asegura que “para enfrentarnos a los retos que este nuevo mundo nos depara deberíamos empezar a cultivar estas capacidades desde ahora mismo”.

  • La mente disciplinada: Gardner relaciona esta mente con la habilidad de tener dominio de al menos una forma de pensar fuertemente alineada con una profesión o disciplina académica.
  • La mente sintética: es la capacidad de integrar distintas fuentes y formatos de información en otros conceptos que tengan sentido y utilidad.
  • La mente creativa: la capacidad de replantear las situaciones actuales y los status quo.
  • La mente respetuosa: es la capacidad de poder trabajar en un mundo cada vez más plural. Indispensable en este mundo globalizado.
  • La mente ética: se refiere a una visión global del sistema social en el cual las personas se encuentran inmersas.

Ahora bien, ¿los profesores piensan en este tipo de mentes? ¿Educan para estas mentes del futuro? Nosotros creemos que no. Los sistemas educativos actuales no fueron diseñados para enfrentarse a los retos que hoy tenemos delante. Como mencionamos con anterioridad, se desarrollaron para satisfacer las necesidades de una época anterior. Hoy no basta con reformarlos: hay que transformarlos. Queda un largo camino por recorrer pero, afortunadamente, no todo está perdido. Creemos que la clave es romper paradigmas, por lo que implementamos cursos donde los alumnos son parte activa del conocimiento. Basados en el marco teórico de la gamification (del inglés “game=juego”), estamos convencidos de que las mecánicas y dinámicas lúdicas son un excelente puente entre las definiciones y conceptos, y su aplicación y vivencia. La gamification nos permite movernos dentro de un marco donde se pueden probar los conceptos y, en caso de no acertar, volver a comenzar el juego con el aprendizaje de la experiencia. ¡Atrevámonos a jugar un poco más!

Para definir el concepto de gamification nos vamos a basar en las nociones trabajadas por Karl Kapp:

“gamification es el uso de técnicas y lógicas lúdicas para comprometer a las personas, motivar a la acción, promover el aprendizaje y resolver problemas.”

La gamification aplicada al marco de la docencia se definiría como hacer un juego basado en el contenido que se quiere enseñar en los dominios del conocimiento. Con esto no nos referimos a una clase en particular sino a la totalidad de la currícula en cuestión. Implica utilizar mecánicas ya aplicadas a la educación, como asignar puntos a actividades, presentar retroalimentación correctiva y alentar la colaboración en proyectos. La diferencia sustancial es que la gamification provee otra capa de interés y una nueva forma de interconectar esos elementos en un atrapante espacio de juego donde el estudiante se motiva y aprende.

¿Cuál es nuestra postura?

En base a los conceptos esbozados anteriormente, realizaremos un punteo de los lineamientos básicos que se encuentran detrás de los elementos de juego:

  • El aprendizaje como una postura activa en el proceso de construcción del conocimiento.
  • La potenciación de la expresividad en todos los códigos sensibles, favoreciendo el enriquecimiento de la comunicación, el contacto con la realidad y el espíritu de investigación.
  • Estimulación de las distintas inteligencias.
  • Ejercitación del pensamiento divergente y de las actitudes de flexibilidad, fluidez y originalidad, aspectos básicos para el surgimiento de la creatividad.
  • Capacidad reflexiva como instancia fundamental y necesaria para la conceptualización del aprendizaje y su transferencia a otras instancias de la realidad.
  • Crecimiento del comportamiento solidario y cooperativo social requerido para todo aprendizaje grupal y para la construcción conjunta.
  • Espacios para el desarrollo de la actitud crítica como instancia primordial para la preparación y la transformación de la realidad.
  • La resolución de situaciones problemáticas como actividad promotora de la iniciativa, la autonomía y la originalidad.

El objetivo de este enfoque sitúa al alumno como actor principal de su propio desarrollo. Este es uno de los grandes desafíos que tenemos por delante para lograr que los que estudian hoy puedan triunfar en el mundo desconocido del mañana.

REVISTA AIRE 13 Completa
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